¿Quién es Juan Carlos Saldarriaga Gaviria?

Les cuento: de la mano de mi mamá y mis dos hermanos llegamos hace muchos años a Soacha, a un sector de barro y olvido llamado Cazucá. Abandonar la tierra, la familia y los amigos, no es algo que uno quisiera vivir a los 3 años de edad; sin embargo, ahí estábamos los cuatro y un perro llamado Tony. Teníamos miedo, pero mi mamá, Amparito, solo tenía en mente sacarnos adelante y eso se volvió nuestro propósito principal.

Pero no todo fue tan triste como posiblemente se lee; esas vivencias me permitieron conocer y crecer al lado de personas que me ayudaron a forjar mi personalidad y que me apoyaron para lograr ser quien soy hoy.  Las adversidades me han hecho más fuerte y con carácter para afrontar todo, pero también me enseñaron a valorar todo lo bueno de la vida; de hecho, creo que todo es bueno porque de todo se aprende. Gracias a la vida, que me ha dado tanto, hoy me siento muy afortunado de ser soachuno de corazón, alma e intención.

Este ‘flaco’, como me dicen mis amigos, siempre ha tenido vocación de servicio; es que me gusta ayudar a la gente, eso me hace sentirme útil y le da sentido a mi vida. Me encanta escuchar a la comunidad y buscar formas de mejorar su vida, por eso me involucré en acciones comunitarias, sociales y políticas desde muy joven, porque siempre he pensado que puede haber algo mejor para todos y que la mejor forma de ayudar es a través del servicio y el servicio debe ser una vocación.

Las múltiples circunstancias que rodearon mi crecimiento, la vida que me tocó vivir con mi madre, que es mi ejemplo de mujer junto a mis hermanos, me permitieron aprender que nada es fácil pero tampoco nada es imposible. Gracias a eso aprendí a insistir, a reconocer que la resiliencia no es solo la capacidad de adaptarse a situaciones adversas, sino que involucra la disposición de levantarse en cada caída. Eso me lleva a contarles que duré 20 años detrás de la meta de ser alcalde de mi ciudad; fui insistente y persistente porque sabía que siempre hay algo más por hacer, por transformar, por cambiar.

Después de tanto y tanto, la vida me ha sonreído y Dios me ha premiado, con la familia más linda. Tengo el inmenso honor de ser esposo de Luisa, la mujer más brillante y hermosa del mundo; soy el orgulloso padre de tres mujeres increíbles, inteligentes y empoderadas que son mi vida entera. Soy el hermano, primo y tío más afortunado del mundo; soy muy feliz de tener una familia tan maravillosa. Dios también me ha dado grandes amigos que se han convertido en familia, compañeros de sueños, de luchas, de proyectos, en fin, de vida.

Como gobernante he recibido muchos reconocimientos a nivel nacional e internacional por los grandes logros conseguidos por el equipo de gobierno que me acompaña y que he tenido el honor de liderar. Los reconocimientos no son para Juan Carlos Saldarriaga, son para mi Soacha querida del alma, para mi gente, mis vecinos, mis amigos, mi comunidad.

Mi vida tiene sentido por Soacha y por los soachunos; entonces hoy todo se ilumina cuando camino por las calles de mi ciudad y la gente generosamente me agradece por lo que estamos haciendo. Hoy me hace feliz pensar en el abuelo que se va a la cama con al menos una comida al día, en el niño que está aprendiendo inglés en su colegio con el estómago lleno o en la niña, de 5 años, en condición de discapacidad que estrena su primera silla de ruedas.

Me llena de tranquilidad pensar en ese trabajador que hoy día puede llegar a tiempo al trabajo gracias a las nuevas vías construidas, a las mejoradas y a todo el esquema de movilidad. Mi alma se llena cuando veo a las mujeres que aprendieron un oficio que les permitirá ganar su propio dinero para ellas y para sus familias. Me da tranquilidad saber que hoy más que nunca hay familias que se sienten seguras al llegar a casa.

Me siento orgulloso de ese auxiliar vial que se siente útil porque tiene empleo y ayuda a su comunidad, la madre y su hijo que tienen las vacunas al día, el emprendedor que sale a vender sus productos en ferias, el artista que puede compartir escenario con los más grandes. Respiro en paz porque hemos avanzado en aspectos ambientales enseñando a grandes y pequeños sobre la biodiversidad, aves, árboles y todo lo relacionado con el ambiente. Me emociona saber que hay deportistas de nuestra ciudad entrenando en mejores escenarios, y finalmente soy un ciudadano feliz que se siente orgulloso de su territorio.

Quiero seguir siendo un instrumento transformador de vidas, desde cualquier cargo que ocupe; seguir creyendo que el cambio es posible con voluntad y humanidad. Estoy trabajando para ser una mejor persona día a día y, lo más importante, quiero continuar caminando por el mundo tomado de la mano de Luisa, ver crecer a mis hijas y a mi nieto, acompañarlos en cada etapa de sus vidas mientras vamos por helados, salimos a conocer lugares nuevos y cantamos nuestras canciones favoritas.

Estoy disfrutando mi presente, perdonando mi pasado y proyectando mi futuro para continuar trabajando por la gente.

Mi propósito en esta vida aún no ha culminado.

La historia continúa….

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